
Algo similar me
ocurrió la primera vez que le oí decir en clase a Javier Cercas que leer servía para
vivir otras vidas y por lo tanto ser más libre. Sonaba muy
bien pero ¿qué carajo quería decir eso? La primera parte estaba
clara; la segunda no tanto. Lo entendí cuando leí su artículo La droga más dura: vivir otras vidas no
era nada más que ponerse en el pellejo de los demás y, durante la
lectura, no ser tú sino ellos. Y era verdad, eso te hacía más
libre porque te daba opciones. No solo se podía vivir y pensar como
tú habías vivido y pensado siempre sino que, por unas horas, podías
vivir y pensar de maneras diferentes y quizá alguno de esos modelos
—
o todos mezclados—
podías trasladarlos a tu vida real.
Hace unos años, gracias a
un libro de esos que te hacen quedarte pegado al sillón hasta que lo
terminas, fui un ratón. Ese libro se llamaba Firmin
y explicaba en primera persona la vida de un roedor que empezó por comerse los libros literalmente y acabó devorándolos literariamente. Firmin leía todo lo que se le ponía por
delante y a partir de ahí adquiría humanidad e intentaba, en vano,
establecer algún tipo de contacto con humanos tan deshumanizados
que, a la mínima ocasión, le contestaban con un escobazo o una tentativa de envenenamiento con mejunje químico entremezclado en un jugoso pedazo de queso.
Los primeros ruidos
empezaron a media noche más o menos. Era obvio que se trataba del
roce de las uñas de algún animal contra la madera y estaba claro,
también, que ese animal tenía que ser un ratón. Enseguida supe que
el roedor había descubierto el boquete que los operarios habían
hecho debajo de la pila de la cocina para desatascar una tubería, un
par de meses atrás. Abrí el armario y me asomé; él también se
asomó por el otro lado y entonces reconocí a Firmin y sonreí. Casi
pude oír cómo él, tras unas décimas de segundo con el cuerpo y la
mirada paralizados, decía ¡...oups! y se escondía de nuevo.
Tapé el orificio con
abundante papel de periódico para impedir su entrada a mi casa
proporcionándole, al mismo tiempo, algo que comer y pensando que hasta
que devorara toda aquella cantidad de papel podían pasar meses. Lo
que no pensé es que Firmin hubiese tenido tiempo de entrar y
esconderse debajo del frigorífico en lo que yo daba forma de pelota
al papel de periódico. Terminé mi obra de ingeniería y me fui a
dormir satisfecho.
Poco después me pareció
oír ruido de botellas de vidrio chocando entre sí. No puede ser,
pensé, y me volví a dormir. Al poco, otra vez ruido de arañazos en
la madera. Sí era, era él y estaba allí, al pie de la cama,
paralizado de nuevo unos segundos, esta vez sin mirarme, como si
quisiera hacer ver que no estaba allí. De repente salió disparado
colándose, con una maniobra similar a la de los jugadores de fútbol
cuando hacen la piscina, por la pequeña holgura existente
entre la puerta y el suelo.
Lo primero que hice fue
abrirle de nuevo el paso para que pudiera regresar a su madriguera y
lo segundo sentarme en la taza del váter a pensar —con la vista
fija en la cocina— en posibles estrategias para obligarle a volver a
casa, a la suya, claro. Desde allí lo vi salir de nuevo,
sigilosamente, con las orejas muy tiesas. Me sorprendió en plena
micción, así que me limité a gritarle: ¿A dónde vas? ¡Detente!
Él me miró, supongo que con una sonrisa de ratón, y volvió sin
prisa a su escondite. Ya me estaba quedando dormido, apoyada la
cabeza en la palma de mi mano, cuando lo vi salir de nuevo. Esta vez
sí me levanté y, armado con una escoba, avancé lentamente hasta
reconocerme, en el espejo lateral, en uno de esos hombres
deshumanizados con los que Firmin ya se había topado anteriormente.
Derrotado, solté la escoba, cogí una toalla del baño para tapar el
hueco de debajo de la puerta del dormitorio y me metí de nuevo en la
cama.
No sé si la literatura
nos hace mejores personas; lo que está claro es que ayer, a
Firmin, le salvó la vida.
Je, je! No era un ratón, era tu conciencia.
ResponderEliminarAixò de fer classes de religió t'està trastocant :)
ResponderEliminarAhora entiendo por qué no le quieres matar. La próxima cucaracha que encuentre en mi casa pensaré que es el mismo kafka, a ver si me pasa lo mismo :)
ResponderEliminarYa me contarás :)
ResponderEliminarMuy bueno compadre, como siempre. Me ha gustado, muchísimo.....
ResponderEliminarFelicidades!
Gracias Gustavo
ResponderEliminarFantastico :)
ResponderEliminar:)
Eliminar